LA REVELACIÓN DE SER

Versión al español: Martha Sánchez Llambí 
 

 

Saludos desde Princeton, New Jersey, (E. U.) 

Esta carta es una forma de compartir la revelación de ser.

La resonancia del 2008 es que la revelación de ser es algo que podemos recibir, y es nuestro de manera creciente.

La revelación de ser no nos permite obtener lo que necesitamos o queremos. No alimenta la condición no integrada de nuestro cuerpo emocional impreso. No tiene que ver con obtener nada y permanece escondida de nosotros en el rango de la percepción mientras estamos haciendo algo para obtener algo.

La revelación de ser únicamente nos da poder para recibir la conciencia en la que experimentamos quienes somos.

Dentro de esta energía de recibir, recibimos todo.

La revelación de ser es todo. 

Estableciendo un caso para ser… 

La intención de esta carta es invitar y transmitir la revelación de ser. 

Para lograr esto se necesita estar, metafóricamente, de pie en la corte del cuerpo mental y presentar un caso para ser –en oposición a hacer- como el punto causal de la calidad de la experiencia humana. Establecer este caso reta al mismísimo tejido de lo que consideramos como "comportamiento humano normal."

Por esta razón es necesario comenzar esta carta definiendo ciertas palabras tan eficientemente como sea posible, para que podamos darnos cuenta de lo que representan dentro de su contexto y cómo es que el caso es presentado. Esto no es una tarea fácil, porque el cuerpo mental, del cual nosotros los humanos tomamos nuestros puntos de referencia (de percepción) se ha entronizado a sí mismo como "Dios".

Esta carta intenta desentronizar a este falso dios y todos sus actos para que ser sea realizado como Dios de todo. 

Hacer, ser y no-hacer…

Al hacer el cambio de percepción del paradigma de hacer en ser, existen solamente tres tipos de ímpetu llevados por el humano que requieren de un examen por nuestra parte. Estos tres pueden ser expresados a través de nuestra experiencia física, mental y emocional:  

1. El primero y más común es "hacer". Hacer, dentro del contexto de esta carta, es cualquier intento de manipular una experiencia. Hacer es cualquier momento físico, mental y emocional que surge de una incomodidad registrada emocionalmente a través de la creencia que la actividad que genera tiene la capacidad de sedar y controlar la incómoda resonancia- sentida por el experimentador. En otras palabras, dentro del contexto de esta carta, todo impulso (momentum) iniciado como una forma de sentirse mejor, se entiende como hacer. Por lo tanto, como todo lo que se hace para manipular una experiencia es conducido por una signatura emocional impresa que es, en su mayor parte, inconsciente para el hacedor, todo este tipo de hacer es un ímpetu manejado inconscientemente. A partir de este punto de la carta nos referiremos simplemente a todo este rango de ímpetus manejados inconscientemente como "hacer".

2. El siguiente, y no muy común, impulso es aquello que emana como resplandor de ser. Aunque este impulso puede ser percibido a través de una expresión física, mental y emocional, en su médula se trata de una emanación en este mundo de nuestra resonancia vibracional. En su calidad de ímpetu o impulso, se trata de la expresión de "la conciencia siendo" y, por tanto, es un impulso conducido por la conciencia. A partir de este punto en la carta nos referimos al ímpetu/momento de esta expresión vibracional conducida por la conciencia como "ser"

3. El tercer impulso es un "no-hacer". No-hacer también puede ser llamado "deshacer". No-hacer es cualquier momento físico, mental o emocional cuya intención expresa es desactivar la condición causal de nuestros actos inconscientes al aportar conciencia a ello y luego hacer que brille la iluminación de ser incondicionalmente sobre éste, y la incomodidad-sentida subyace bajo lo que está impreso de nuestras emociones no integradas. Lo que marca la diferencia entre "no-hacer" y "hacer" es la intención. (El procedimiento de THE PRESENCE PROCESS, por ejemplo, es un no-hacer porque su intención es desconectarnos –a través de la activación de la conciencia- de la marca (huella) emocional no integrada que nos conduce inconscientemente hacia el hacer. De acuerdo a esto, este procedimiento, cuando se hace con intención, sirve como un puente temporal de vivir la vida como "un hacedor" y "haciendo realidad el ser".)

La diferencia entre estos tres tipos de impulso resulta comprensible a través del ojo de ser, no a través de la observación específica de nuestra actividad física, mental o emocional.  

Por ejemplo, dos individuos pueden trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana. En consecuencia, ambos pueden generar una expresión de su momento físico, mental y emocional.  

Sin embargo, uno puede estar laborando como una forma de sedar y controlar su incomodidad interna –incomodidad que surge inconscientemente a partir del miedo, el enojo y la pena (dolor) de su marca (huella) emocional no integrada. El otro puede estar nadando en una muestra de actividad exactamente igual, pero como una celebración de estar en el mundo.  

Al exterior, ambos pueden parecer similares, pero a través del ojo de ser y la percepción de la consecuencia, siempre se revela quién es quién.

La actividad física, mental y emocional en este mundo no queda definida automáticamente como "un hacer" porque involucra el momentum (impulso)… se le define como "un hacer" en virtud de la intención que lo conduce. La regla de oro es: si entramos en una actividad física, mental o emocional para sentirnos mejor – con una intención de manipular nuestras circunstancias para podernos sentir más cómodos dentro de ellas- lo más probable es que estemos "haciendo" y no siendo.

El camino de hacer… 

Cuando entramos en cualquier expresión física, mental o emocional como una forma de sedar y controlar la conciencia de nuestra huella emocional no integrada, estamos tratando de hacer algo. 

Cuando somos llevados hacia un impulso a través de un miedo, enojo o pena no resueltos, estamos tratando de hacer algo. 

Consecuentemente, nuestras expresiones siempre llevan a fabricar condiciones, circunstancias y estructuras externas que sirven únicamente para mantener la resonancia de nuestra incomodidad interna.  

Bajo estas circunstancias, manifestamos, de manera consistente e inadvertidamente, condiciones de trabajo, predicamentos ambientales, relaciones humanas y acuerdos dentro de organizaciones cuyo resultado es una continua producción de miedo, enojo y pena. Manifestamos estructuras que anclan nuestra conciencia dentro de un paradigma basado en el tiempo, cuyos cimientos están atados en base a percepciones dentro de momentos en nuestro pasado que son momentos no integrados cuya resonancia no resuelta nos conducen a proyectarnos miedosamente, con enojo y aflicción hacia supuestos predicamentos futuros.  

¿Cómo es que esto pudiera no ser?  

Si las circunstancias energéticas no resueltas que deletreamos como miedo, enojo y pena, son el punto causal de nuestra actividad generada, entonces los resultados de tales esfuerzos ya han sido establecidos: son miedo, enojo y pena que se proyectan continuamente en el momento que se desarrolla, en el momento actual. Este es el desarrollo natural de causa y efecto… de consecuencia. 

Sin embargo, cuando generamos el impulso como una expresión de ser, las consecuencias son ampliamente diferentes:  
 

· Son un continuo desmantelamiento de todas las estructuras externas basadas en la percepción del tiempo.

· Están vacías de cualquier medio para proteger y proyectar.

· Están libres de intención para cortar y pegar el pasado dentro del momento actual.

· Actúan como una continua ancla de nuestra conciencia dentro de todo lo que constantemente se está desarrollando y las todavía no manifestadas resonancias del momento.

 

De esta manera, nuestra experiencia de vida nace de nuevo, continuamente. 

Hasta que valoramos ser como el punto causal de calidad de nuestra experiencia, automática e instintivamente nos alineamos con el hacer.

Limitaciones mentales… 

Al aproximarnos y resolver este predicamento de manera intelectual –a través de pensar y comprender- el asunto falla inherentemente con obstáculos auto-destructores. Esto es porque nuestro cuerpo mental no puede comprender ningún valor en el ser.  

Nuestro cuerpo mental no tiene punto de referencia para el valor de ser porque está construido de formas de pensamiento. Y, mientras la condición de nuestro cuerpo emocional permanece no integrada, y, por lo tanto, irradiando continuamente una incomodidad, todas nuestras formas de pensamiento surgen de este estado interno de incomodidad.  

En virtud de que todas las formas de pensamiento que surgen de la incomodidad son por naturaleza acciones que se proyectan hacia el exterior, en vez de dirigir nuestra conciencia para que vaya hacia el interior y resuelva nuestras huellas emocionales no integradas, estas formas de pensamiento nos convencen continuamente de que debemos entrar en estados de "hacer algo para sentirnos mejor."  

Ya que instintiva e inconscientemente aceptamos como válida la resonancia de estas formas de pensamiento que se proyectan hacia el exterior, entonces nos esforzamos en tratar de comprender lo que está sucediéndonos y pensamos acerca de lo que podemos hacer como una forma de contrarrestar nuestra incomodidad interna.

Somos un "hacedor" cuando creemos que pensar y comprender tienen una especie de capacidad mágica que reemplaza la brillantez de ser.

A medida que laboramos bajo estas circunstancias de percepción, no se nos ocurre ir hacia nuestro interior –a través del sentimiento- como una manera de irradiar directamente la resonancia del ser sobre el punto causal de nuestra incomodidad. 

Como hacedores, no percibimos ningún valor en ser.  

Por el contrario, inconscientemente construimos una experiencia de vida a través de las cosas que hacemos que sirven únicamente para diseminar nuestro miedo, enojo y pena no integrados, y lo hacemos en cada aspecto de nuestras circunstancias de vida exterior.

En consecuencia, sembramos y, por ende, cosechamos, incomodidad.  

No se nos ocurre que no hay nada que podamos hacer para transformar nuestro continuo malestar.

De hecho, conforme nos volvemos más incómodos, más entramos en actividad mental y en los estados de hacer que le siguen.  

Y, conforme nuestros estados mentales nos conducen hacia hacer cosas, menos conscientes estamos de que toda esta actividad está surgiendo de nuestra reacción a nuestra condición emocional no integrada. 

Para cuando somos adultos, ya no somos humanos siendo… somos humanos haciendo. 

La prueba de hacer/ser… 

Como humanos que estamos haciendo, solamente percibimos el mundo a través de los ojos que hacen.  

No importa si la verdad de nuestro predicamento está justo enfrente de nosotros, estamos ciegos por nuestro error de percepción, por nuestra asociación a hacer como una forma de hacer un ajuste causal sobre la calidad de nuestra experiencia.  
Por ejemplo, una muy simple y verdadera introspección nos puede ser ofrecida de cómo liberarnos de este predicamento al establecer:

"Permanece quieto y sabe que yo soy Dios." 

O nos pueden decir: 

"Permanece en el ahora." 

O, como era el himno hace poco: 

"No te preocupes, se feliz." 

O, como Mahatma Gandhi enseñaba: 

"Se la paz que deseas ver en el mundo." 

¿Cómo sabemos si hacemos o somos?  

Esto es fácil de aclarar. Haz la prueba: Lee de nuevo las cuatro frases anteriores.  

Si hacemos y por lo tanto valoramos hacer como una forma de lograr ajustes causales a la calidad de nuestra experiencia humana, entonces nuestra atención deberá permanecer en las palabras "quieto", "el ahora", "feliz" y "paz" como un medio para comprender la sabiduría que estas instrucciones aportan.

En nuestra condición de hacedor, al leer estas introspecciones, automáticamente y de manera casi inconsciente, quedamos enamorados de los estados de "quietud", o del estado llamado "el ahora" o logramos la experiencia llamada "felicidad" o "la naturaleza de la paz."  

Entonces podemos empezar a estudiar y analizar las características de la quietud, el ahora y la paz, como si estos fueran los ingredientes mágicos que nos ayudan a transformar la calidad de nuestra experiencia actual. 

Como hacedores entonces preguntamos…  

· "¿Cómo puedo estar en la quietud?"

· "¿Cómo puedo estar en el ahora?"

· "¿Cómo puedo lograr la felicidad?"

· "¿Cómo puedo alcanzar la paz?"

Al hacernos estas preguntas, perdemos completamente la marca de la sabiduría intencionada.

Nuestra actividad consecuente –lo que hacemos como resultado- sin importar qué tan puro sea nuestro corazón o nuestras buenas intenciones, entonces automáticamente fabricamos circunstancias a nuestro derredor que únicamente sirven para mantener la incomodidad causal que conduce todo lo que hacemos.

Es a través de esta predilección por hacer que surgen todas nuestras religiones, grupos espirituales y organizaciones de paz.  

Y, ya que todas las estructuras organizadas patrocinan una actividad que es repetitiva –actividad que rápidamente se convierte en algo familiar y de rutina para nosotros- y en virtud de que la familiaridad es la píldora para dormir que siembra la inconciencia y la resonancia para un comportamiento habitual egoísta, todo lo que hacemos como resultado, que tiene una intención de lograr la "quietud", de entrar "en el ahora", de "alcanzar la felicidad" y de "obtener la paz" no nos lleva a ningún lugar.

El paso del tiempo revela que todos conducen directamente a circunstancias que promueven el miedo, el enojo y la pena, que representan la resonancia causal de ese lugar de donde surgen.

Este lazo unido, que gira continuamente, existe porque las cosas que hacemos no han surgido de una intención de saber la verdad de ser. Se originaron de un intento de reprimir la incomodidad interna de nuestras huellas emocionales no integradas. 

La intención es crucial… es el compás de todas las consecuencias.

Al tiempo que somos hacedores, nuestro acercamiento a todos los asuntos "espirituales" no es una respuesta a Dios. No es el resplandor de ser… es la reacción a la incomodidad.  

En nuestra condición de hacedores, lo que somos incapaces de ver en forma en nuestra percepción es que discernimientos como "Permanece quieto y sabe que soy Dios" y "Se la paz que quieres ver en el mundo" no puede lograrse a través de hacer cualquier cosa.  

En el escenario de obtener la verdad de estos discernimientos, toda acción –sin importar qué tan noble sea- no conduce a ningún lugar, no logra nada y es tan inútil como dar brazadas frenéticas en un intento por nadar a través de un gran cuerpo de agua. 

La prueba mostrada anteriormente de "hacer/ser" es infalible.  

Quizá podemos engañar a aquellos que nos rodean en el sentido de que hemos sido liberados de una trampa de percepción dentro de la condición emocional no integrada que continuamente nos conduce a hacer como una forma de ajustar la calidad de nuestra experiencia humana, pero no podemos engañar a nuestra experiencia.  

No podemos engañar la condición actual de nuestra propia matriz de percepción… es lo que es. 

Cuando somos… cuando realmente somos… y estamos alineados con ser como el punto causal de la calidad de nuestra experiencia –en el sentido de lo que somos y lo que Dios es para nosotros- entonces cuando leemos las siguientes frases…

"Permanece quieto y sabe que yo soy Dios." 

"Permanece en el ahora." 

"No te preocupes, se feliz." 

"Se la paz que deseas ver en el mundo." 

nuestra atención de inmediato subraya la palabra "ser".

Sabemos que el poder de estas frases radica en la importancia de ser, no es la actividad de hacer asociada con ser. Las leemos como…

"Se quieto y sabe que yo soy Dios."

"Se (alguien) que está en el ahora."

"No te preocupes, se feliz."

"Se la paz que deseas ver en el mundo." 

También nos damos cuenta que para un hacedor estas frases pueden leerse de manera incorrecta. Cuando hacer es entendido como el punto causal de calidad de nuestra experiencia, automáticamente las leemos como… 

"Se y conoce a Dios."

"Se ahora."

"La felicidad es ser."

"Ser es tranquilidad." 

Hacer lo espiritual... 

El reto que enfrentamos al movernos desde la identificación con hacer a la realización de ser es que no podemos digerir esta revelación a través de una comprensión mental.

Nuestro cuerpo mental no puede comprender ser a través de pensar acerca de ello… a través de cualquier debate y discusión intelectual. 

O somos… o estamos completamente inconscientes de ello. 

En el sentido de percepción, no existe ningún estado intermedio.  

Podemos ser capaces de disfrazar nuestra falta de conciencia de la realidad de ser dentro de los más profundos hechos espirituales. Y, esta selección de hechos espirituales puede ser exitosa al convencer a todos los hacedores que nos rodean que ya nos hemos dado cuenta de la realidad de ser. No obstante, cuando colocamos nuestra condición de percepción a la prueba "hacer/ser", perdemos el objetivo.  

Llamarnos "espirituales" como una forma de hacerle saber a los demás que nos damos cuenta de ser, es lo mismo que un pescado nombrándose un "nadador" como una manera de hacerle saber a aquellos que están próximos que él sabe que es "un pez". 

La palabra "espiritual" se torna redundante cuando hacemos la transición de hacer a ser.  

Cuando continuamente nos referimos a nosotros como "alguien que está siendo espiritual" nuestro énfasis no radica en ser sino en "lo que estamos haciendo que supuestamente nos hace espirituales.  

De igual manera, cuando nos referimos a nuestras organizaciones o actividades como "siendo espirituales", nuevamente nuestro énfasis no se hace en ser, es en lo que nuestras organizaciones están haciendo o en lo que nuestras actividades tienen la intención de hacer que es lo que supuestamente las hace espirituales.

Consecuentemente, estamos meramente disfrazando todo este hacer que todavía surge de nuestras signaturas emocionales no integradas de miedo, enojo y pena, como algo diferente de lo que realmente es. 

Nuestra actividad bajo estas circunstancias no es el resplandor de ser… es una reacción a la incomodidad.  

Este predicamento continuará mientras retrasemos el darnos la oportunidad de darnos cuenta de las cosas a partir de una experiencia de ser como el punto causal de la vida.  

La raza humana… 

Recuerda, cuando niños, sabíamos que a nuestro ser no se le valora, porque nuestros padres son hacedores viviendo en un mundo manufacturado por actividades de los hacedores. Consecuentemente, vivimos en un mundo cuyas estructuras tienen la intención de sedar y controlar la condición no integrada del cuerpo emocional humano colectivo, no de apoyar la conciencia de ser.  

El mundo en que vivimos como es ahora mismo, así como es mantenido continuamente por nosotros y por nuestros políticos, predicadores y aprovechados, es una manifestación externa de la impresión de miedo, enojo y pena del cuerpo humano emocional colectivo. 

Esta resonancia emocional no integrada se pasa energéticamente a través de una impresión, de generación en generación, como un bastón en una carrera de relevos.  

Lo que cada generación hace es pensar en nuevos y mejores modos de hacer en un intento por sedar y controlar esta incomodidad interna colectiva.

Todas nuestras organizaciones políticas, pacíficas, religiosas y espirituales son estructuras que surgen de ese estado inconsciente de hacer. En virtud de que su punto causal surge de una reacción inconsciente a nuestro miedo, enojo y pena colectivos, las consecuencias de su instante solamente conducen hacia una propagación y mayores cosechas de este miedo, enojo y pena.  

Mientras continuemos alineándonos a este hacer como una forma de resolver este predicamento –sin importar cuán noble sea nuestra intención- inevitablemente alimentamos el fuego de la miseria humana y continuamente pasamos el bastón de la desesperanza de una generación de las cosas que se hacen, a la otra.  

A donde quiera que vamos, ahí estamos… 

Sin embargo, el multiverso es generoso y lleno de gracia. Cada uno de nosotros, de manera individual, y todos, de manera colectiva, recibimos continuamente circunstancias a través de las cuales la verdad de ser puede ser realizada.

No tenemos que buscar estas oportunidades yendo a la India, leyendo otro libro de "cómo ser espiritual", o uniéndonos a otra "organización espiritual" que tiene la intención de guiarnos hacia actuar en más hechos elaborados.

La oportunidad de darnos cuenta de ser siempre está en donde nos encontramos.  

No obstante, aunque creemos que somos hacedores, y mientras continuamos comportándonos como si existiera algo que podemos hacer acerca de este predicamento, permanecemos ciegos de percepción a la continua invitación a manifestar la manera en la que podemos ser. 

A cada uno de nosotros continuamente nos son ofrecidas oportunidades para darnos cuenta de ser a través de circunstancias acerca de las cuales no podemos hacer nada.  

Todo lo que se necesita para comenzar el compromiso de la experiencia de ser es escanear con percepción el horizonte de nuestra experiencia individual y colectiva para aquellos aspectos de nuestra circunstancia de vida acerca de la cual no hemos podido hacer nada.

¿En dónde es que nuestros hechos nos fallan continuamente?  

Todos tenemos aspectos dentro de nuestra circunstancia de vida por los cuales no podemos hacer nada... este es el inevitable predicamento de todos los hacedores. Sin embargo, quizá todavía no somos capaces de admitir esto.  

Al percibir estas situaciones que parecen no tener esperanza, todavía podemos -a pesar de no tener absolutamente ningún éxito en nuestros esfuerzos- comprometernos continuamente en pensar y en analizar, como un intento de averiguar qué hacer con ellos. 

Quizá todavía estemos leyendo libros, formando grupos, siendo líderes de grupos, abandonando grupos, consultando maestros espirituales, meditando, orando, votando por el candidato político correcto, siguiendo extrañas dietas y prácticas físicas… todo con la creencia de que aún hay algo que podamos hacer.

Pero, sin importar cuán interminables o intricados sean nuestros actos, nada se obtiene de ellos. Podemos tener éxito en volver a arreglar nuestras circunstancias físicas. Podemos tener éxito en sedar y controlar temporalmente la textura de nuestros pensamientos. No obstante, el paso del tiempo siempre revela que algo causal permanece intocable por las cosas que hacemos.

Cada uno de nosotros conoce "eso" en nuestra vida sobre lo que no podemos hacer absolutamente nada. Quizá todavía no seamos capaces de enfrentar la verdad acerca de nuestra incapacidad para afectar un cambio real y duradero dentro de esta área particular de nuestra experiencia de vida, pero, en nuestro interior, sabemos que nuestros hechos siempre nos han fallado. 

Sabemos esto. 

A donde quiera que vamos… ahí estamos. 

¿Qué hacer? 

Ahora mismo, a nuestra comunidad planetaria se le están dando diversas circunstancias sobre las cuales no se puede hacer nada.  

Es posible que todavía no tengamos el valor de admitir esto… ni a nosotros ni a nadie más, porque, si nuestra alianza es con el hacer como una forma de ajustar el punto causal de la calidad de nuestra experiencia, ¿qué sucede si verdaderamente admitimos que hacer nos ha fallado? Entonces, ¿qué hacemos?

Como seres humanos, ahora estamos entrando en el corredor que nos da pánico, que es claustrofóbico y que se angosta velozmente, que nos conduce a la realización de que todos nuestros hechos no han servido para nada.  

Actualmente, como colectivo, todavía estamos buscando desesperadamente una alternativa que quizá no hemos explorado totalmente:

· ¿Podría ser una mujer fuerte que está preparada para contestar el teléfono a las 3AM? ¿Quizá ella sabe qué hacer?

· ¿Podría ser un hombre amable con un extraño nombre que se está convirtiendo en el líder del "mundo libre"? ¿Quizá el sabe qué hacer?

· ¿Podría ser un antiguo secreto que nos ha sido revelado en un libro de la lista de Best Sellers del New York Times? ¿Quizá realmente existe un libro que nos dirá qué hacer?

 

Todavía estamos colectiva y desesperadamente esperanzados que el futuro próximo nos revele lo que podemos hacer para salvarnos de estos sentimientos de una inminente fatalidad y desesperanza.  

Muy pronto, nuestro fanatismo religioso puede manifestar un hermoso y atractivo Mesías quien nos reconforta de manera engañosa con un plan para saber lo que hay que hacer y esto nos salvará de este infierno inminente y de esta condenación.  

¿Quizá "un Salvador" lo hará por nosotros? 

Quizá nuestra poderosa y compleja industria militar producirá un aterrizaje impresionante de OVNIs, con un reparto (tipo Hollywood) de amistosos extraterrestres que traen nuevos y poderosos avances tecnológicos que nos anuncian: "Sabemos exactamente lo que se tiene que hacer para aliviar vuestro sufrimiento humano."  

Tan ridículo como el anterior escenario puede sonar, mientras comparemos el hacer como un medio de lograr un ajuste causal sobre la calidad de nuestra experiencia humana, permaneceremos vulnerables a aceptar y abrazar todo lo que es bizarro, sin sentido y ridículo, en un desesperado intento de hacer algo.  

El éxito de los infomerciales de la televisión es perfecta evidencia de esta mentalidad.  

Hitler convenció a toda una nación que sabía lo que debía hacerse y ellos hicieron lo que él les dijo.  

El Presidente Bush convenció a toda una nación que sabía lo que debía hacerse y entonces ellos (el pueblo) le permitieron hacer exactamente lo que él quiso.  

En los Estados Unidos, los productos farmacéuticos matan a más personas que las drogas vendidas ilegalmente en las calles, porque las compañías farmacéuticas convencen, con mucho éxito, a millones de personas cada día, de las bondades de sus mescolanzas químicas que saben lo que hay que hacer.  

Y ahora, conforme los Estados Unidos se acercan a otra elección presidencial, las masas una vez más empiezan a manifestarse como seguidores de aquella persona que tiene el plan más convincente de lo que hay que hacer. 

CAMBIO...

¡SI PODEMOS!

(¿HACERLO O SERLO?) 

No obstante, las elecciones en los E. U., como todas las actuaciones políticas planetarias, si se ganan con el boleto de hacer, simplemente se convertirán en otro desfile en el que se pasa el bastón inconscientemente de una generación de humanos a la siguiente, un bastón en una carrera de relevos cuya única consecuencia es el permanente aumento de las manifestaciones de miedo, enojo y pena.  

¿Por qué? Porque no hay nada que podamos hacer para impactar el punto de calidad causal de nuestra experiencia humana. 

¿Cuándo fue que tuvimos a alguien siendo Presidencial?

¿En qué punto fue que la esencia de la Presidencia se convirtió en una lista de cosas que hacer? 

Mientras fallamos en hacer un impacto en nuestra condición emocional no integrada con nuestra conciencia [con la luminosidad de ser] todo lo que hacemos permanece como expresiones de un sufrimiento no resuelto conducidas por la inconsciencia. 

Consecuentemente, todas nuestras acciones continúan emanándose como intentos desesperados de sedar y controlar nuestra incomodidad interna.  

Cuando el malestar interno permanece como el punto causal que nos mueve hacia el momentum, nosotros nos movemos, inevitablemente, hacia esas manifestaciones que propagan la molestia externa.

Ese momentum (impulso) físico, mental y emocional generado bajo estas circunstancias no nos puede ayudar. La historia es toda la evidencia que necesitamos para darnos cuenta de esto. 

Cualquier semilla de la que surge el impulso es el producto que cosechamos.

Comportamiento despiadado… 

Solamente cuando estamos listos para admitir que no hay absolutamente nada que podamos hacer, es que estamos dispuestos a acceder a la más poderosa fuerza en toda la creación, el punto causal de la calidad de todo: Ser.

Ahora mismo, dentro de esta precisa unión de nuestra evolución humana, estamos siendo invitados a cruzar (bajo una total percepción) desde la resonancia de hacer a ser.  

Si no podemos lograr esta transición, no vamos a lograr nada.

Las plantas que no dan frutos o flores son cortadas y tiradas en el montículo de composta como un nutriente para la siguiente estación.  

Esto es exactamente lo que los ancianos de nuestras naciones indígenas han intentado (y todavía lo están haciendo) traer a la conciencia planetaria. 

Esta estación está siendo completada.

Este es el tiempo de la cosecha.

Somos los cosechadores, como también somos la fruta y flores de nuestra experiencia que se está revelando.

Cosechamos a través de ser, no de hacer. 

Un punto necesario de inicio dentro de la transición final de hacer a ser es a través de darnos cuenta que el cuerpo mental no puede captar ser… no tiene ningún punto de referencia para ser.  

Esto es porque una forma de pensamiento no puede sentir… no tiene corazón. Sin la capacidad de sentir, resulta retador el percibir la luminosidad de ser. Ser y sentir están íntimamente interconectados.  

En virtud de que está desprovisto de sentimiento, una forma de pensamiento puede justificar cualquier acto de hacer para lograr su intento.

Y, sin importar cuán noblemente se presenta, cuando el cuerpo mental es elevado como el punto causal de calidad de nuestra experiencia, y cuando pensar y sus quehaceres resultantes son adorados como el medio para lograr un cambio real, la intención subyacente es siempre la misma: sedar y controlar. 

Cuando equivocadamente abrazamos la creencia que dice "el pensamiento crea", invariablemente soldamos nuestros pensamientos como una forma para controlar y sedar la calidad de nuestra experiencia. 

Creer que "el pensamiento crea" siempre conduce hacia hacer algo a nuestro pensamiento como una forma de manipular nuestra experiencia actual. 

Es por esto que actualmente experimentamos tanto comportamiento despiadado en el mundo. El comportamiento despiadado es el resultado de un impulso conducido por una forma de pensar despiadada.  

La resonancia de pensamiento despiadado siempre surge como una reacción a nuestra condición emocional no integrada.  

La resonancia de pensamiento despiadado y del impulso que genera, es siempre un intento de sentirse mejor… no sentir estos estados emocionales no integrados.

Intenta manipular la experiencia que estamos teniendo actualmente para que sea algo distinto a lo que es. 

Al sedar y controlar, de cualquier forma, la conciencia-sentida de nuestros estados emocionales causales, al tratar de cualquier forma de hacer algo para que tengamos que sentir lo que realmente estamos sintiendo, inadvertidamente cancelamos nuestra capacidad de sentir. 

THE CATCH 22 (*): Al entrar en acciones que cierran nuestra capacidad para sentir, nos quedamos aturdidos a la conciencia del punto causal emocional impreso a partir del cual todo acto surge en primer lugar. 

En consecuencia, el lazo de percepción que se mueve desde la molestia hacia el hacer y luego desde el hacer de vuelta a la molestia o incomodidad, continua de generación en generación, convirtiéndose en algo cada vez más desesperado y destructivo.  

Bienvenido al planeta tierra. 

Nuestro punto de liberación… 

La conciencia de ser no surge a partir de ningún acto que tenga la intención de hacernos sentir mejor… nunca ha sido así y nunca lo será. 

Sin embargo, identificar en dónde estamos continuamente "tratando de sentirnos mejor" en nuestra vida es clave para despertar la conciencia de ser. Esto es porque "tratar de sentirnos mejor" es un indicador de comportamiento que surge de la condición impresa dentro de nuestro cuerpo emocional que está conduciendo nuestros actos inflexibles. 

Cuando se percibe desde este punto de vista, cualquier área en nuestra experiencia en donde estamos "tratando de sentirnos mejor" se convierte en una invitación directa que despierta la conciencia de ser.  

Por consiguiente, nuestro punto de sufrimiento se convierte en nutrición para resolver nuestro dilema.

El primer paso para nutrir una conciencia de ser dentro de una experiencia es, por tanto, identificar en donde es que todavía estamos tratando de recurrir a hacer como una forma de cambiar la calidad de nuestra experiencia humana, individual o colectivamente.  

 

 

(*) El autor utiliza esta expresión familiar en los E. U. a partir del libro bajo el mismo título cuyo autor, Joseph Séller, describe un falso dilema, una situación que impide ganar, donde no existe ninguna elección real; también presenta lo absurdo de la burocracia militar.

 

¿En dónde es que continuamente estamos tratando de sentirnos mejor dentro de nuestra experiencia humana?

¿En qué aspecto de nuestra experiencia humana es en donde no podemos hacer absolutamente nada? 

Hacernos estas dos preguntas nos hace enfocar el punto de liberación potencial de hacer a ser.  

· Puede ser una relación fallida y nos damos cuenta de que no podemos hacer nada para cambiarla; sin embargo, seguimos haciendo cosas en nuestro intento por sentirnos mejor.

· Puede ser la enfermedad física de la que nos damos cuenta que no podemos hacer nada; sin embargo seguimos haciendo cosas para tratar de sentirnos mejor.

· Puede ser el estado mental de confusión del cual nos damos cuenta que no podemos hacer nada; sin embargo seguimos haciendo cosas en nuestro intento por sentirnos mejor.

· Puede ser cualquier circunstancia en nuestra vida de la que no hay nada que podamos hacer, pero seguimos haciendo cosas para tratar de sentirnos mejor.

Cuando nos permitimos examinar lo que sea que esto representa, podemos darnos cuenta de que realmente todavía creemos que podemos hacer algo al respecto.  

Esta continua creencia es evidente por el hecho de que continuamente pensamos en ella.  

Todavía la examinamos mentalmente desde todos los ángulos.  

A través de nuestro examen mental, todavía estamos buscando un hacer que será la solución final a cualquier alteración o incomodidad que este predicamento irradia actualmente.  

· Podemos estar leyendo libros todavía en búsqueda de descubrir la acción apropiada.

· Podemos estar leyendo esta carta con la esperanza de que nos va a decir lo que hay que hacer.

· Podemos haber formado un grupo con otras personas que comparten nuestro particular predicamento, en un intento de sentir que estamos haciendo algo al respecto.

· Podemos estar apoyando con gran entusiasmo a un candidato político en particular con la esperanza de que si es elegido, podrá hacer algo al respecto.

· Podemos darle nuestro apoyo espiritual a algún ser humano en particular, colocándolo por encima de nosotros como "nuestro gurú" o "nuestro maestro", porque hemos llegado a creer que tiene la capacidad de hacer algo al respecto. ¿Quizá podrá mostrarnos algún secreto o práctica mística que mágicamente nos permita hacer algo al respecto?

· Podemos ir a una reunión seminal dentro de un edificio en donde oramos frente a una estatua y cantamos canciones a esta estatua esperando que la personalidad que representa hará algo al respecto.

Pero, en el silencio de las primeras horas de la mañana –cuando nos despertamos y volvemos a la experiencia de este mundo, o cuando estamos solos con nuestros pensamientos acerca de nuestras circunstancias, o cuando reposamos solos en nuestra cama antes de entrar en la inconsciencia del sueño nuevamente- batallamos y nos agitamos para evitar la aparición de una horrible realización:

No podemos hacer nada al respecto.

Nada de lo que hemos hecho antes ha funcionado, jamás. 

El sentimiento dentro de esto… 

Cuando examinamos este predicamento en particular –ese sobre el cual no podemos hacer nada, sin importar la forma que tomó para materializarse en nuestra experiencia- podemos notar algo: contiene dentro de sí una incómoda resonancia-sentida.  

Existe un aspecto del predicamento que continuamente nos conduce a hacer algo para tratar de sentirnos mejor y que, a pesar de todos nuestros actos, no cambia: la incomodidad-sentida penetrando dentro de… ese sentimiento. 

Ese sentimiento incómodo. 

Ese sentimiento que no queremos sentir. 

Darnos cuenta de la presencia de este sentimiento incómodo es nuestro punto de liberación potencial de hacer a ser.  

Este sentimiento incómodo es tan poderoso que nutre todas nuestras historias y acciones.  

Cuando examinamos este sentimiento incómodo podemos incluso ponerle una etiqueta que diga: "miedo", "enojo" o "pena". Se trata de un sentimiento que ha sido parte de nuestra experiencia humana desde que tenemos memoria.  

Cuando, de niños, nos mandaban a la escuela y aprendíamos a "deletrear" –el arte de deletrear palabras- deletreábamos este sentimiento con las palabras que nos enseñaban… ahora podemos deletrarlo como "miedo", "enojo" o "pena".

O quizá ahora lo deletreamos como "ansiedad", "culpa" o "vergüenza".  

O quizá ahora lo deletreamos como "abandono", "depresión" o "dolor".  

No importa cómo lo deletreamos. La realidad es que en su parte medular se trata de una resonancia-sentida, un sentimiento profundamente incómodo para nosotros.  

Al principio podemos no darnos cuenta, pero hasta que nos damos cuenta al experimentarlo, este sentimiento permanece como el punto causal que nos conduce hacia todos nuestros actos.  

Nos lleva a sentirnos mejor en nuestro interior, acerca de nosotros mismos y acerca del mundo en que vivimos.  

Hemos ideado muchos planes y esquemas, hemos inaugurado muchas organizaciones y grupos, y hemos entrado en todo tipo de relaciones humanas tratando de evadir este sentimiento particular. Se trata del punto causal de todo nuestro caos y calamidad.  

Sin embargo, no hay nada que podamos hacer al respecto.  

Nada.  

Esta es la verdad y, conocer la verdad, nos libera. 
 

Las historias que contamos… 

También tenemos muchas historias elaboradas que surgen a partir de estar mentalmente enlazados con este sentimiento tan incómodo.

Creemos en estas historias…

Nos identificamos con ellas

Sin ellas ¿qué somos?

Estas historias son comprensiones mentales de cómo este sentimiento incómodo apareció, quien o qué lo causó, y qué o quien tiene la culpa. 

La decepción del cuerpo mental es fácil de comprender:

A pesar de asumir la posición de "dios" en este mundo,

nunca acepta responsabilidad por nada.

En el mismo aliento que declara: "El pensamiento crea", el cuerpo mental también habla de historias elaboradas cuando declara: "Ellos son culpables de esta experiencia." 

Permitir que el cuerpo mental rija nuestra experiencia nos ha hecho creer que si podemos comprender este incómodo sentimiento, podemos resolver la incomodidad que emana desde su interior.  

Esta proposición, inherentemente defectuosa, nos lleva a creer que si pensamos mucho tiempo acerca de nuestra incomodidad, si la analizamos a profundidad, nos vamos a sentir mejor.  

Sin embargo, el pensamiento en sí no tiene capacidad de sentir, por tanto, no tiene capacidad de comprometerse conscientemente y, como consecuencia impactar esta resonancia-sentida causal.  

El pensamiento solamente puede inspirar historias acerca de él, y hechos interminables que manifiestan condiciones que continuamente expresan esta incómoda resonancia-sentida como circunstancias externas de caos, conflicto y calamidad en el mundo. 

¡El pensamiento es sorprendente! Cuando lo usamos en un intento de lograr un ajuste causal a la calidad de nuestra experiencia, nos lleva a un laberinto.

Esto no es personal… 

Cuando examinamos de cerca la incómoda resonancia-sentida, que es el núcleo de todo sobre lo que no hay nada que podamos hacer, podemos entrar en una profunda revelación: podemos darnos cuenta que este mismo sentimiento aparece en nuestra conciencia cuando colocamos nuestra atención en uno de nuestros padres o en ambos.  

Podemos observar que nuestros padres tienen o tuvieron sus propias historias acerca de cómo les llegó este incómodo sentimiento, qué o quien tiene la culpa, y lo que trataron de hacer al respecto; pero ellos tampoco pudieron hacer algo al respecto. De la misma manera que fue pasado a nosotros a través de nuestros padres, así también les fue pasado a ellos por sus padres.  

Por tanto, las inquietantes corrientes de estas resonancias-sentidas fluyen de regreso hacia nuestros ancestros tan lejos como nos es posible percibirlas. 

¿Cuánto tiempo hemos tratado de hacer algo a este respecto?

¿Y cuánto éxito hemos logrado a través de todo lo que hemos hecho? 

Cuando examinamos nuestras pasadas relaciones fallidas como signaturas-sentidas, también podemos abrirnos a la revelación que este incómodo sentimiento también nos devuelve la mirada desde esos encuentros humanos incómodos, no resueltos.  

De hecho, dentro de cada aspecto de lo que consideramos una manifestación de nuestras fallas humanas –de algo que hicimos que no funcionó- descubrimos que dentro de su núcleo yace este incómodo sentimiento.

Mientras creemos todavía que somos capaces de hacer algo al respecto, nuestra experiencia de vida sigue desarrollándose como una manifestación de circunstancias que sirven de evidencia a todo lo contrario. 

Los falsos dioses… 

Hasta que logremos impactar esta incomodidad-sentida causal, hasta que podamos digerir y recibir la nutrición que ofrece, continuaremos adorando el "hacer" como el altar sobre el cual colocamos nuestras oraciones. 

A medida que adoramos "hacer como una forma de impactar la calidad de nuestra experiencia de vida", estamos adorando inadvertidamente esta incómoda signatura-sentida.  

Si llamamos al sentimiento incómodo no podemos hacer nada con nombres como "miedo", "enojo" o "pena", entonces todos nuestros actos son manifestaciones de ritos y rituales que únicamente sirven para adorar el "miedo", el "enojo" y la "pena".

Cada vez que hacemos algo partiendo del miedo, enojo y pena, declaramos que estas signaturas causales son nuestros dioses y todos nuestros actos son la expresión de un homenaje a ellos. 

Cuando podemos darnos cuenta de esto, entonces claramente podemos ver que cada vez que nos llevan a creer que hay algo que podemos hacer para cambiar nuestras circunstancias, nuestros políticos, sacerdotes y acaparadores –nuestras organizaciones Nueva Era y profesores "espirituales"- están inclinándose como sirvientes antes estos dioses.  

Iniciar cualquier acción como un medio de hacer un ajuste causal a la calidad de nuestra experiencia es rendir homenaje a, y elevar miedo, enojo y pena a una condición de dioses nuestros.  

Ninguno de nosotros es inocente de esta alianza equivocada porque, al igual que vampiros, a través de una impresión energética, todos somos mordidos como niños por esos hacedores. 

Hacer es nuestra naturaleza hasta que entendemos ser. 

Haciendo es nuestro dios hasta que comprendemos a Dios como siendo. 
 

No hacer… 

Una vez que nos damos cuenta del predicamento en el que nos encontramos, el único momento útil para nosotros como un medio para despertar la iluminación de ser es "no hacer".  

"No hacer" es cualquier intento que nos facilite convertirnos en alguien totalmente consciente de la incomodidad-sentida causal que fue impresa en nuestro cuerpo emocional durante nuestra infancia. No-hacer es un puente temporal de transición que nos da poder para cruzar al otro lado desde el paradigma de hacer hacia ser. 

No tenemos que hacer nada para lograr ser… lo que hacemos es deshacer.

Siempre somos. Ser es algo que nos damos cuenta, que percibimos, no hacemos.

Todo lo que se necesita para darnos cuenta de ser es liberar los lazos inconscientes que nos unen hipnóticamente en la subyugación inconsciente de hacer. 

Al digerir conscientemente nuestro miedo, enojo y pena, la verdad de ser automáticamente se eleva en plena conciencia. Ser es algo que se revela sin esfuerzo cuando nuestra atención no está enredada dentro de la telaraña de hacer.  

En virtud de que nuestra alianza con hacer como algo que es nuestro dios es conducida por un intento de sedar y controlar la incomodidad que emana desde la condición no integrada de nuestro cuerpo emocional, todo lo que se necesita es integrar esta circunstancia energética impresa. 

Una vez que queda integrada, la revelación de ser es todo lo que hay. 

Integrar esta circunstancia energética impresa es algo que notamos a través de ser con ella sin condición – a través de ser con ella, no mediante algo que hacemos con ella. 

A través de ser con nuestro miedo, enojo y pena impresos, sin condición, estas resonancias energéticas gradualmente se integran como parte de nuestro ser, y entonces ya no nos sentimos forzados a hacer algo al respecto. 

El elixir de la disciplina. . . 

Al acercarnos a la conciencia de ser, debemos recordar que nuestro cuerpo mental no puede comprender ser.

No puede comprenderlo ni comprende su necesidad y, por lo tanto, requiere de una demostración consistente de la consecuencia de ser antes de rendir su obsesiva propensión a controlar todo.

Demostrar es "poner al demonio en su lugar."  

Rendirse es "finalizar estar seguro."  

Ser solamente se conoce como una experiencia, no es algo que se comprende mentalmente. El conocimiento requiere de una experiencia personal. La experiencia requiere iniciar y entrar en un encuentro físico, mental y emocional integrado con lo que sea que buscamos entender.  

Consistencia… 

Despertar a la conciencia de ser no requiere ningún esfuerzo. Sin embargo, al principio necesita el elixir de la disciplina.  

Sin la resonancia de la disciplina, el cuerpo mental ignorantemente impone su dogma de pensar y hacer.  

Pensar y hacer es la religión del cuerpo mental. 

Sin una disciplina deliberada, sin una demostración consistente a través de la experiencia de "ser y su consecuencia", automáticamente seremos conducidos hacia pensar y hacer por la incomodidad dentro de nuestra impresión emocional no integrada. 

Es por esto que, para la mayoría de nosotros, vencer al reino del cuerpo mental que hemos instalado como un dios requiere, inicialmente, de una aplicación deliberada y disciplinada de no-hacer.

Cada día (consistencia), debemos apartar un poco de tiempo y utilizarlo para traer la resonancia de ser sobre aquello respecto de lo cual no hay nada que podamos hacer. 

Cada día (consistencia), debemos apartar un tiempo para digerir la nutrición de no-hacer requerida para nutrir un encuentro empírico con ser.

Cómo no hacer… 

Para iniciar el no-hacer, simplemente volvemos nuestra atención interiormente hacia la incomodidad-sentida sobre la cual no hay nada que podamos hacer.

Voluntariamente llevamos nuestra atención interiormente sobre la incómoda resonancia-sentida que fluye dentro de todos nuestros intentos por sentirnos mejor.  

Esta es la manera como nos acercamos conscientemente a esta resonancia-sentida causal:  

1. Empezamos colocando nuestra atención sobre la circunstancia dentro de nuestra experiencia de vida que sentimos que necesitamos o para la cual queremos hacer algo al respecto (pero acerca de la cual todos nuestros actos continuamente nos fallan).

2. Permitimos que el cuerpo mental empiece contando su historia respecto de esta circunstancia. Puede iniciar diciendo: "Mi esposa siempre…", "Detesto mi empleo porque…", "Mi padre nunca me deja", "Tengo una enfermedad terminal llamada…" o "No importa todo lo que me esfuerzo…" No importa cual sea la historia, sólo importa el contarnos a nosotros mismos esta historia hasta que aporte conciencia a la incómoda resonancia-sentida asociada con ella. La única relevancia de "la historia" en el interior de no-hacer es que es una carnada para la incitación consciente de cometer un delito relacionado con la incómoda resonancia-sentida.

3. Tampoco importa la palabra que utilicemos para deletrear esta incómoda resonancia-sentida. Lo que importa de manera especial es que empuñemos conscientemente nuestro estado de alerta para identificar en dónde lo sentimos. Este incómodo sentimiento está anclado en algún lugar dentro y alrededor de nuestro cuerpo físico.

4. En el momento en que identificamos el lugar en donde está, comenzamos a ser con él. 

Ser sin condición…  

Ahora bien, es en este punto de nuestra disciplina de no-hacer que aplicamos el aspecto crucial de mayor relevancia de este acercamiento hacia la conciencia de ser que marca toda esta experiencia.

No debemos estar con esta incomodidad causal por ninguna razón en particular.

· No debemos estar con esta resonancia-sentida para lograr nada.

· No debemos estar con ella para "sanar", "cambiar", "transformar", "para sentirnos mejor", "para evolucionar", "para curar", "para saber", "para comprender" o incluso para "darnos cuenta de cualquier cosa".

Ser no es "un medio para un fin".

Ser es el medio y el fin. 

· Somos con esta resonancia-sentida "porque…" Por = el qué, la causa.

· Somos en el punto causal porque ser es el punto causal.

· Somos con esta incómoda resonancia-sentida porque ser es causal.

· Somos con esta resonancia-sentida porque ser es el auténtico punto causal de todo lo que es, y lo que no es.

 

No nos estamos comprometiendo con ser como un medio "para hacer". De otra forma estaríamos relacionándonos con otro acto disfrazado como "un acto de ser."

Somos con este punto causal en el conocimiento de que no hay nada que podamos hacer acerca de esta incómoda resonancia-sentida que pueda impactarla, a no ser que podamos llevar el resplandor del ser incondicional sobre de ella. 

Ningún punto de referencia… 

A medida que esgrimimos la realidad de "ser sin condición" sobre el punto causal de nuestra incomodidad-sentida, hay una consecuencia. 

Una de las consecuencias es que el cuerpo mental trata de entrometerse. Esto es porque no puede comprender ser.  

A medida que nos enfocamos en nuestra incomodidad-sentida interna, a medida que empuñamos la luminosidad de ser sin condición, podemos notar cómo el cuerpo mental busca "un destino" o "un barómetro para el éxito" o "un punto de referencia" por el cual "los resultados pueden ser medidos."  

Observa cómo pregunta, "¿Cuál es el objeto de esto?", "¿Qué logra todo esto?", "¿Qué se supone que debe pasar?" y "¿Cómo va a pasar?"

El cuerpo mental actúa así porque esa es su forma de ser.  

Observa esta actividad mental, perno no luches contra ella ni le pongas atención… si nos involucramos, nos llevará a hacer algo.  

Solamente permanece con esta incómoda signatura-sentida sin agenda, sin una razón, sin esperanzas de un resultado deseado.  

Ni siquiera seas como una manera de darte cuenta de ser. Sólo se.  

Ser y consecuencia… 

Este encuentro diario disciplinado con "ser sin condición" es el primer paso para despertar la auténtica resonancia del amor incondicional.  

Mientras permanezcamos como hacedores, asumiremos el amor incondicional como algo que hacemos a los demás. Esto no es así.  

El amor incondicional solamente despierta de manera auténtica dentro de la resonancia de:

Ser con nosotros mismos así como somos, sin agregar ninguna condición al hecho de ser. 

Sólo cuando somos capaces de estar con nosotros de este modo es que tenemos la capacidad de irradiar ser sin condición respecto de todos nuestros encuentros mundanos. 

En virtud de que el cuerpo mental no tiene capacidad para comprender la necesidad de ser, resulta crucial que apartemos un tiempo/espacio cada día para ser sin condición hacia ese aspecto de nuestra experiencia respecto de la cual no hay nada que podamos hacer… ser consistente es crucial.  

Cuando irradiamos esta condición de ser de manera consistente sobre el punto causal de nuestros actos, sobre nuestra incomodidad-sentida interna, ofrecemos a nuestra conciencia mental la posibilidad de percibir vivencialmente la conexión entre "ser y consecuencia."

No se necesita una enorme cantidad de ser consistente, deliberado, incondicional para lograr la consecuencia.  

Quince minutos de ser sin condición, consistentemente, cada día, dirigidos al punto causal de nuestra incomodidad-sentida, logra más que todos nuestros interminables actos. 

El cuerpo mental no puede entender esto, pero a través de ser consistente, este hecho se convierte en algo obvio e innegable.  

Ser con nuestra incomodidad-sentida interna sin condición es contener estas incómodas signaturas en vez de permitirles conducirnos hacia historias que incitan hacia más actos para tratar de sentirnos mejor. 

En vez de proyectarlas al exterior, al mundo, las contenemos incondicionalmente dentro de nuestro ser.  

Una contención consciente de estas signaturas-sentidas nos permite empezar a digerir el miedo, enojo y pena. A medida que digerimos estas resonancias, nutrimos nuestra capacidad de darnos cuenta de ser.  

La contención da vida a la condición de ser. 

A medida que la condición de ser es vivificada, nuestras circunstancias de vida también lo son. 

Mediante una consistencia esto es inevitable e innegable.  

Alquimia auténtica… 

Al aplicar la luminosidad consistente de ser, sin condición alguna, al punto causal de nuestra incomodidad-sentida, gradualmente empezamos a darnos cuenta cómo se van ajustando naturalmente nuestras circunstancias de vida, sin que nosotros les hagamos absolutamente nada.  

Este momento de ser sin condición es la alquimia que transforma la base de metal en oro – eso transforma lo que parece un sufrimiento interminable en la capacidad de experimentar la paz.

Mediante la consistencia, mediante las consecuencias emocionales subsecuentes físicas y mentales a través de irradiar ser sin condición, gradualmente empezamos a valuar la resonancia de ser, por encima de hacer, como una forma de impactar el punto causal de la calidad de nuestra experiencia.  

 

Esta transición es gradual, orgánica y, cuando se ha explorado consistentemente, es inevitable e innegable.  

Consecuentemente, una transformación orgánica se desenvuelve dentro de la resonancia de nuestra experiencia de vida:  

Generamos menos y menos momentum (impulso) como un medio de hacer algo respecto de nuestro sufrimiento, y más y más como la espontánea expresión de ser.

El momentum que se emana como luminosidad de ser no propaga ningún sufrimiento, lo desmantela en su punto causal.

Esta transición es gradual, sin costuras y sin esfuerzo. Esta transición se desenvuelve al demostrar consistentemente el valor de ser a nuestro cuerpo mental para que el cuerpo mental de manera simultánea se rinda a su control gradualmente.  

A medida que ser madura a través de la digestión de una nutrición necesaria, a través de una contención consciente e incondicional de la resonancia sentida de nuestro medio, enojo y pena, portamos los frutos de una gran y mayor presencia al interior de cada faceta de nuestra experiencia de vida.  

En vez de hacer cosas para tratar de estar presentes, nos realizamos como presencia de ser dentro de toda actividad. 

En este punto, nuestra práctica consciente de "no-hacer" se rinde como una necesidad. No-hacer se convierte en nuestra forma de ser. Hemos hecho la transición de humanos haciendo a humanos siendo. 

Por ello, percibimos el mundo a través del ojo de ser, no los ojos de hacer. 

Por ello, el mundo se transforma antes nosotros y a causa de nosotros. 
 

El ojo de ser… 

Hasta que activamos ser como el punto causal de calidad de nuestra experiencia humana, creemos que Dios "es un ser", un individuo, una entidad que tiene personalidad, que hace cosas. Por lo tanto, nos presentamos ante Dios como "un medio para que se haga algo".  

Dios para un hacedor es "alguien que hará algo."  

No obstante, cuando nos damos cuenta de ser como algo causal, comprendemos que Dios no es "un ser", no es un nombre, comprendemos a Dios porque está siendo… el verbo.

Cada vez que estamos siendo sin condición, cada vez que estamos siendo "simplemente porqué", Dios está fluyendo dentro de nosotros como la conciencia que entreteje cada fibra de material que llamamos el momento. 

Hasta que hacemos la transición de hacer a ser como el punto causal de calidad de nuestra experiencia, vemos a Buda o a Jesucristo como hechos. Para un hacedor, ellos aparecen como "seres que hacen algo". 

Cuando somos hacedores, es de gran importancia para nosotros lo que estos seres estaban haciendo, y por ello es importante para nosotros lo que debemos hacer ahora para lograr la liberación.

Consecuentemente, los percibimos como seres y estudiamos sus actos.

Y, por tanto, perdemos la marca… completamente.  

Sin embargo cuando hacemos la transición de hacer a ser, nos damos cuenta que todo lo que es significativo reside en su calidad de ser.  

La estatua de Buda provoca que un "hacedor" quede fascinado por la postura, los ropajes y la expresión de su cara. Como hacedores nos preguntamos maravillados: "¿Qué puedo hacer para parecerme a Buda?"

No obstante, cuando percibimos a Buda a través de los ojos de nuestros actos, perdemos la marca cada vez.   

Perdemos la marca porque Buda "está siendo", no es "un ser".

Cada vez que irradiamos el estado de ser sin condición, sin importar lo que estamos haciendo en cualquier momento, somos Buda. 

Cuando vemos a Jesús como Cristo en la cruz a través de los ojos de hacer, nos preguntamos qué cosa podemos hacer para lograr lo que él hizo.

Nos preguntamos: 

· "¿Clavamos clavos en nuestras manos?"

· "¿Nos involucramos en toda clase de actos nobles?"

· "¿Deambulamos por ahí sanando a los enfermos?"

Y por ello, perdemos la marca… completamente.

La realidad de Jesús como Cristo es que él no es "un ser".

Cristo es la conciencia de "ser sin condición."

Cada vez que "somos sin condición", somos Cristo. 

Entendiendo ser… 

Si todavía estamos alineados con hacer como una forma de lograr un ajuste causal a la calidad de nuestra experiencia actual, podemos leer esta carta y asumir que comprendemos lo que se está comunicando aquí.  

Podemos asumir que "entendemos la necesidad de aplicar la luminosidad de ser."  

Sin embargo, hasta que nos ofrecemos consistentemente la oportunidad "de ser con el punto causal de nuestra incomodidad-sentida, sin ninguna condición", estamos retrasando el darnos cuenta de ser.

Y hasta que nos damos cuenta de ser y lo vivimos como una experiencia, instintivamente continuamos "haciendo" como una forma de ajustar la calidad de nuestra experiencia. 

Afortunadamente, nuestro multiverso está lleno de gracia y compasión. Continuamente brinda a nuestras experiencias individuales y colectivas con aquello para lo cual no hay nada que podamos hacer.

Observen nuestro mundo ahora mismo:  

· ¿Qué podemos hacer respecto de la contaminación?

· ¿Qué podemos hacer acerca de la Guerra en Irak?

· ¿Qué podemos hacer respecto de la pobreza en África?

· ¿Qué podemos hacer acerca de la aceleración en los cambios climáticos?

 

La verdad es… nada. La historia es suficiente evidencia para que todos nos demos cuenta. 

Estas condiciones son todos frutos de nuestra total reverencia a hacer como una forma de lograr un cambio en la calidad de nuestra experiencia humana.  

Todas estas manifestaciones de desastre inminente y fatalidad son resultados de nuestra inadvertida reverencia al miedo, enojo y pena como los dioses a quienes servimos. 

Solamente cuando ser sin condición es abrazado como una experiencia del punto causal en la calidad de nuestra experiencia individual (y por tanto, colectiva) es que estos predicamentos van a ser auténticamente impactados.

Estos predicamentos son, todos, dádivas que nos son presentadas para que nos demos cuenta de la verdad de lo que somos, y de lo que Dios es para nosotros. No se están desenvolviendo para que podamos descubrir todavía más formas elaboradas de "hacer para sentirnos mejor".  

Ser es el único resplandor que impacta auténticamente el punto causal de la calidad de la experiencia humana… porqué. 

Hasta que, a través de una aplicación consistente y disciplinada de no-hacer, nos ofrezcamos la oportunidad de recibir como una experiencia la revelación de ser, bueno, pues… seguiremos tratando de hacer algo al respecto. 

Así sea. 

Saludos cordiales, 

Michael. 

 

www.thepresenceportal.com

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