LAS DÁDIVAS AL INTERIOR DE LA RESPONSABILIDAD EMOCIONAL
Versión al español: Martha Sánchez Llambí
Muchos de nosotros hemos hecho un trabajo de lilmpieza emocional en el pasado, sin alcanzar los resultados que estábamos esperando: la aflicción, el enojo y el miedo que estamos manejando parecen no tener fin. Una de las razones por nuestra falta de éxito es porque hemos entrado en este trabajo de manera reactiva. De una manera o de otra, todos entramos en este trabajo de manera reactiva porque estamos siendo llevados por la incomodidad Sin embargo, todo comportamiento reactivo automáticamente procrea desequilibrio. No podemos acercarnos a nuestros miedos porque tenemos "miedo" de lo que vaya a suceder si no lo hacemos. Tampoco podemos acercarnos a nuestro enojo porque estamos molestos por la forma en que perdemos la paciencia continuamente. Y tampoco podemos abordar nuestra aflicción porque estamos agotados por nuestras interminables lágrimas. Todas estas son aproximaciones reactivas y no conducen a ningún lado.
Otro nivel en el que hacemos contacto de manera reactiva con nuestra aflicción, enojo y miedo es cuando lo hacemos apoyados por la presencia de otros. Un buen ejemplo de esto es hacer "trabajo de liberación emocional en grupo". No podemos obtener ningún progreso real y duradero con nuestra limpieza emocional si para ello requerimos de la presencia de otros para realizar nuestra tarea. Cuando lo hacemos, estamos simplemente montando una actuación y utilizamos nuestro drama para captar sutilmente la atención de los demás; atención para la que no estamos lo suficientemente maduros en lo emocional para dárnosla a nosotros mismos. Hacer algo en virtud de la presencia de otros es, por su mera naturaleza, un comportamiento reactivo. El trabajo de liberación emocional tiene que ver con crecer emocionalmente, con ser el apoyo que hemos estado buscando de los demás y esto no puede ser realizado con autenticidad si para ello requerimos de la presencia de otros durante la experiencia de una liberación emocional.
Otra razón de por qué nuestro trabajo de liberación emocional puede haber sido impotente en el pasado es nuestra insistencia "en comprender" la naturaleza de la liberación emocional que estamos experimentando. Si tenemos que comprender lo que nos está sucediendo y por qué, para poder permitir que ocurra el proceso de liberación emocional entonces no hemos entrado verdaderamente en el reino emocional; todavía no estamos tocando la médula del asunto. Todavía estamos revoloteando en el plano mental. "Llorar a solas sin tener una razón aparente" es la frecuencia que nos libera, de la manera más eficiente, de nuestra carga negativa emocional.
Así que, nuestro dilema es cómo entrar en una limpieza emocional de manera responsiva y no reactiva, porque solamente un comportamiento responsivo neutraliza el desequilibrio y restaura una armonía real y duradera. En otras palabras, ¿cómo activamos la frecuencia de una responsabilidad emocional auténtica? La respuesta a esta pregunta reside en ser capaces de ver todo el panorama; en acceder al dharma, desterrando nuestro propósito más elevado, e integrando lo divino y la intencionalidad en esta sección particular de nuestra eterna jornada. Para lograrlo, desandemos nuestro camino por un momento y enarbolemos la percepción retrospectiva como un medio de despertar la prudencia a través de la introspección.
En EL PROCESO DE LA PRESENCIA, nos presentan dos herramientas de percepción llamadas "El Sendero hacia la Conciencia" y "El Ciclo de Siete Años". La intención al traer estas herramientas de percepción a nuestra conciencia es para revelarnos nuestra aceptación deliberada de poder entrar en nuestra experiencia humana actual. En virtud de que todos entramos en nuestras experiencias de vida de manera inconsciente, al principio nos parece como si nos estuviéramos moviendo de manera caótica dentro y a través de nuestras vidas cotidianas. Sin embargo, no es así: el Sendero hacia la Conciencia revela que nos movemos de manera deliberada desde la experiencia vibracional (la matriz) hacia la emocional (niñez), hacia la mental (adolescencia) y luego hacia la física (estado adulto), en ese orden específico. El Ciclo de Siete Años revela cómo esta secuencia de entrada deliberada es necesaria para desarrollar nuestros distintos cuerpos, para que podamos ser capaces de darles la atención individual necesaria y así integrarlos individualmente en esta experiencia de vida. Estas dos herramientas de percepción también nos ayudan a integrar por qué el contento emocional de nuestro ser es el punto causal de cualidad de nuestra experiencia de vida, y por qué es, entonces, este aspecto de nuestra experiencia (el corazón) que debe ser equilibrado si buscamos vencer nuestra percepción de incomodidad. En otras palabras, la paz no es una circunstancia física, tampoco es un concepto: la paz es un "sentimiento" que, cuando lo abrazamos emocionalmente, es cuando se irradia dentro de nuestros pensamientos y actos.
Lo que El Sendero hacia la Conciencia también nos pide observar es que cuando buscamos recobrar una conciencia total, para extraer nuestro estado de alerta desde un paradigma basado-en-el-tiempo, y volver a despertar a la plenitud de nuestra auténtica Presencia inmortal, existe una jornada específica, deliberada, que debemos tomar: debemos revertir el Sendero de la Conciencia. En otras palabras, primero debemos lograr una presencia física, luego claridad mental, luego equilibrio emocional, y solamente cuando esto se ha alcanzado tenemos la capacidad de re-despertar de manera auténtica a una conciencia vibracional auténtica. Si en el camino nos saltamos cualquiera de estos pasos, en algún momento tendremos que regresar para completarlos.
Este camino evolutivo de nuestro regreso a la plena conciencia es evidente en todas las prácticas de meditación: primero nos enseñan a adoptar una postura física y a no movernos, luego nos dan un mantra mental para calmarnos y enfocar nuestros procesos de pensamiento, luego se nos pide entrar en la experiencia del "amor y la devoción" a través de la cual penetramos el reino "espiritual". Una vez más vemos el movimiento desde lo físico a lo mental, a lo emocional, para poder entrar en lo vibracional. (En El PROCESO DE LA PRESENCIA utilizamos la palabra "vibracional" en vez de espiritual.) El problema reside en que muchos de nosotros, en virtud de la intensidad de nuestro malestar emocional reprimido, intentamos tomar un atajo: tratamos de entrar al reino vibracional directamente. Hacemos esto al huir de la experiencia de vida en la que nos han colocado; le damos la espalda a nuestra vida y buscamos en el exterior una "experiencia espiritual" que, de alguna manera, nos libre del fuego infernal en el que estamos. Frecuentemente disfrazamos este comportamiento reactivo como una búsqueda para "agrandar nuestra conciencia". Sin embargo, no importa cómo lo disfrazamos, nuestro esfuerzo por obtener una "experiencia espiritual" siempre es una reacción a un malestar interno profundamente reprimido del que estamos tratando de escapar. Si no existiera un malestar interno no tendríamos ningún deseo de "abandonar el sofá" (del psicoanalista), ni buscaríamos con denuedo algo fuera de nuestra experiencia de vida cotidiana ordinaria. Es a partir de nuestro malestar interno y de nuestra reacción a él que nos unimos a senderos espirituales y a religiones que prometen "librarnos de este mundo". Consecuentemente, terminamos siguiendo a maestros y religiones que prometen llevarnos al cielo o algún paraíso o a Dios. Se nos dice que una vez que lleguemos a este lugar futuro, que nos pide alguna forma de práctica (por muchos años e incluso vidas) que ya no habrá más sufrimiento. Esta aproximación en sí es reactiva. No hay nada responsable en ella. En verdad, entregamos nuestro poder a una idea, a una persona fuera de nosotros, a una organización y a una forma de ser que está basada-en-el-tiempo. Los caminos espirituales y las religiones siempre prometen salvarnos de nuestro sufrimiento pasado al garantizarnos un futuro perfecto, pero lo que en realidad hacen es robarnos de nuestro momento presente. Ellos hurtan nuestras vidas justo bajo nuestras narices. Cualquier comportamiento que requiera de "un salvador" o "un cielo" para lograr su agenda es reactivo porque nos pide acercarnos a Dios como un medio de escape.
Dios no es una ruta de escape. Dios está en todo lugar. ¿De qué pensamos que estamos escapando y dónde creemos que está ese lugar al que nos estamos escapando? ¿En verdad creemos que vamos a lograr algo al aproximarnos a nuestro Origen de manera reactiva? Todo comportamiento reactivo, sin excepción, engendra desequilibrio.
Esto es lo que muchos de nosotros hemos hecho de manera reflexiva; nos hemos aproximado al reino vibracional como una reacción al malestar que experimentamos en nuestros corazones ahora mismo. En el momento en que admitamos esto seremos libres de la manipulación que los falsos profetas tienen sobre nosotros. Esta forma de llevarnos por caminos equivocados al manipular nuestro sufrimiento interno también es evidente en las organizaciones de la Nueva Era que se auto nombran "Cuerpo, Mente y Espíritu". ¿Has notado cómo la palabra "corazón" se deja fuera de los nombres de estas numerosas organizaciones? No podemos hacer un rodeo que nos distancie de nuestro corazón y esperar tocar de manera experimental lo que Dios es. Dios es amor, y el corazón es el punto causal para experimentar todo el amor mientras estamos vivos. A Dios se le conoce únicamente a través del corazón.
En muchos textos de las Sagradas Escrituras se nos dice, claramente, que "sufrir es la llave para la liberación". Nuestras religiones, y los maestros emocionalmente no integrados, han hecho malas lecturas de estos textos y, por lo tanto, los han representado de manera equivocada, ya que los han usado para hacernos repetir toda suerte de ritos, rituales y dogmas que -de manera deliberada- agregan sufrimiento a nuestra experiencia. Esto es porque los que proponen estos sistemas religiosos y caminos espirituales no han integrado sus corazones. Son mentales y, por lo tanto, se aproximan a las Escrituras literalmente. Todas las Escrituras son metafóricas, pero al saber esto y ser capaces de beber en sus verdades debemos entrar de manera experimental e integrar la condición de nuestros propios corazones. No tenemos que agregar sufrimiento a nuestra experiencia de vida para poder liberarnos; tenemos que enfrentarnos al sufrimiento que ya está establecido dentro de nuestros corazones. Nuestro miedo, enojo y aflicción actuales tienen ese gran propósito. Esas son nuestras dádivas.
Cuando somos niños, nuestros cuerpos emocionales funcionan a la perfección, pero a medida que nos acercamos a la edad de siete años estos empiezan a cerrarse para que podamos enfocarnos en el desarrollo de nuestro cuerpo mental. Cuando nuestros cuerpos emocionales se cierran perdemos toda conciencia de nuestro cuerpo emocional. En otras palabras, ya no funcionamos desde la "percepción-sentida". La percepción-sentida significa que somos capaces de "sentir las consecuencias de nuestros pensamientos, palabras y actos antes de ponerlos en juego". La percepción-sentida es la conciencia de la consecuencia. Como adultos no tenemos percepción-sentida. Esto es deliberado. Si tuviéramos percepción-sentida no habríamos entrado ni en la mitad de experiencias que hemos tenido y, por lo tanto, habríamos sido más pobres por ello. Hemos tenido que ser inconscientes para haber hecho la mayoría de las cosas que nos han traído hasta este momento de despertar. Por no haber operado desde la percepción-sentida hemos sido capaces de decir, hacer y pensar cosas que, de otra manera, no hubiéramos hecho. Nos fue necesario este nivel de aturdimiento para poder entrar, a través de la experiencia, en los oscuros senderos a los que estamos trayendo luz.
No obstante, llega un momento en nuestra evolución cuando tenemos que despertar de nuestro comportamiento inconsciente y reactivo. Debemos despertar para poder dibujar estas experiencias inconscientes y utilizarlas como una paleta de colores que nos asista a pintar este mundo con el nivel de compasión que solamente puede nacer desde la humildad de la experiencia personal. Parte de nuestra experiencia en el despertar es que debemos reconectarnos con la Presencia auténtica que somos para así poder funcionar a partir de este perfecto estado de alerta. Debemos "estar en este mundo pero no ser de él"; mantenernos de pie con nuestros pies firmemente puestos sobre la tierra, pero con nuestros corazones abrazando lo vibracional. A medida que el Sendero de la Conciencia se va revelando, nos pide que primero volvamos a entrar, conscientemente, en nuestro cuerpo físico, luego recuperar nuestra claridad mental, luego embarcarnos en el reto de despertar el potencial de nuestro cuerpo emocional al desbloquear todos los patrones energéticos inconscientes y disfuncionales que nutren nuestro comportamiento reactivo. Estos patrones emocionales disfuncionales son nuestro miedo, nuestro enojo y nuestra aflicción.
Para restaurar el equilibrio emocional debemos sentir estas condiciones energéticas. Eso es todo: "SENTIR". Para lograr esto debemos anclar primero nuestra conciencia entrando en el cuerpo y sintiendo las muchas sensaciones físicas inherentes en su interior que hemos tratado de evitar. Sentir conscientemente las sensaciones físicas dentro de nuestro cuerpo automáticamente despierta la habilidad "de sentir" y, por ende, sirve de portal para volver a despertar la conciencia del cuerpo emocional. Es por ello que la presencia física debe ser activada primero. Para esto usamos la respiración consciente conectada.
Una vez que la presencia física queda activada debemos recuperar la claridad mental. La claridad mental consta de tres partes: Primero es la comprensión de que "somos responsables de la calidad de nuestras propias experiencias de vida. Segundo, es la comprensión de que el cuerpo emocional es el punto causal de la calidad de nuestras experiencias de vida. Tercero, es la comprensión de que únicamente equilibrando el punto causal de nuestra experiencia tendremos la posibilidad de manifestar, de manera auténtica, los procesos de pensamiento y las experiencias físicas externas. Una vez que recuperemos este nivel de claridad mental estaremos listos para dejar de pensar y rendirnos completamente a la capacidad de sentir. Este punto, en el que nos rendimos a nuestros sentimientos, es una parte crucial de nuestra jornada. Rendirnos a nuestro auténtico estado emocional vuelve a despertar nuestra conciencia del cuerpo emocional. "Sentir nuestro contento emocional como está ahora" es lo único que vuelve a despertar la percepción-sentida.
La limpieza emocional no tiene que ver, por tanto, con "salir de nuestras cosas para que podamos continuar con algo más". Tiene que ver con activar un estado del ser en el mundo en el cual estamos funcionando desde el corazón como un punto causal que motiva todos nuestros pensamientos, palabras y obras. Cuando somos capaces de funcionar desde la percepción-sentida no necesitamos leyes. En donde existe el amor no hay cabida para la ley. Cuando podemos sentir las consecuencias de nuestros pensamientos, palabras y obras, antes de ponerlas en acción, no estamos aceptando un comportamiento reactivo que lastima. Entonces, funcionamos desde un punto de amor auténtico y respeto por todo ser vivo. Nadie nos tiene que decir cómo comportarnos a través de nuestra experiencia de este mundo; nuestros corazones logran esta forma de conducirnos de manera automática. Despertar la percepción-sentida automáticamente nos transforma en seres humanos compasivos, amorosos, respetuosos y llenos de cuidados conscientes.
Esta no es la totalidad de los frutos que recibimos con la percepción-sentida; la percepción-sentida también activa la dicha auténtica. Hasta que estemos abiertos a sentir nuestro propio miedo, enojo y aflicción, no podremos conocer lo que es la dicha. Hasta que seamos capaces de abrazar nuestra propia incomodidad interna, erróneamente creemos que la dicha es un estado emocional que es opuesto a nuestro estado de incomodidad. Erróneamente creemos que la dicha es un estado emocional en el que somos "felices". Pensar que la dicha es una emoción, y una "emoción feliz", es algo incorrecto. La dicha no tiene que ver con sentirse bien; tiene que ver con sentir todo. La dicha es permitir que todos los sentimientos entren en nuestra conciencia sin censurar unos y favorecer a otros. La dicha no es felicidad y tampoco es una emoción; la dicha es "una relación consciente que tenemos con nuestro cuerpo emocional". Solamente somos capaces de entrar en una dicha auténtica cuando damos fin a nuestra relación reactiva con nuestro cuerpo emocional.
Nuestra voluntad para entrar de manera responsiva en un estado de conciencia de nuestros propios miedos, enojo y aflicción reprimidos es, por consiguiente, una parte crucial de nuestra jornada. Al permitirnos sentir nuestro miedo, nuestro enojo y nuestra aflicción estamos despertando nuestra habilidad de volver a sentir… sentir profundamente. Esta habilidad nos permite sentir lo que es la vida. La vida no es un pensamiento, un concepto o una idea. Y la vida tampoco es una circunstancia física. La vida, en su parte medular, es un sentimiento. A menos que nos "sintamos" vivos, estamos muertos. El aburrimiento es el síntoma de una persona muerta. A menos que nuestros corazones estén abiertos a las energías-en-movimiento que fluyen alrededor nuestro no estamos vivos; todavía no sabemos siquiera lo que es la vida. Por lo tanto, la buscamos mentalmente a través de nuestra comprensión o, físicamente, mediante "hechos" sin fin y acumulación de cosas. No podemos conocer el sentimiento de estar vivos mientras estamos escapando, inconscientemente, de la incomodidad que existe en nuestros corazones. No podemos saber lo que es la vida cuando estamos huyendo el momento en el que estamos pensando, equivocadamente, que hay algo más que nos va a salvar de este mundo.
Sin embargo, una vez que permitimos que todos los sentimientos entren, un proceso que, inicialmente, empieza con enfrentar conscientemente nuestro miedo, enojo y aflicción reprimidos, volvemos a despertar nuestra percepción-sentida. Mediante esta experiencia de percepción-sentida toda suerte de introspecciones empiezan a nacer en nosotros como el alba que nos libra de una larga y oscura noche. Una vez que dejamos de huir de nuestra incomodidad interna y, por el contrario, respondemos a ella como una manera de enseñarnos cómo sentir, la experiencia celestial que hemos anhelado aparece frente a nosotros. Este es un descubrimiento glorioso; que todo lo que estamos buscando está frente a nuestras narices. Darnos cuenta de esto permite a nuestra conciencia establecerse "en este momento". Luego vemos, con azoro, que la experiencia de vida que antes nos aburría es, de hecho, la profunda experiencia espiritual que hemos estado buscando.
Cuando abrazamos todos los sentimientos de manera igual como comunicaciones vibracionales directas de Dios entonces podemos empezar a reconocer lo que realmente es nuestra experiencia de vida: una dádiva de Dios que nos permite tener una relación íntima con lo que sea que Dios es para nosotros. Es un "sentimiento", no un pensamiento ni un acto físico, que nos permite interactuar directamente con el reino vibracional. La vibración tiene que ser sentida para ser conocida. Lo que sea que Dios es para nosotros tiene que ser sentido para ser conocido.
Cuando intentamos entrar en una "experiencia espiritual" yendo en círculos alrededor del corazón, nos estamos privando de los medios para despertar el vocabulario necesario para tener una comunicación directa con lo vibracional. Entonces podemos meditar durante mil años y aun así no tener una experiencia que sea real y duradera. En ese momento pensamos que la dicha es felicidad y seguimos corriendo tras de una condición emocional al tratar de escapar de otra. Este comportamiento reactivo causa un profundo conflicto interno dentro de nuestros corazones. De ahí que llamamos a aquello de lo que estamos huyendo "el demonio" y aquello hacia lo que estamos corriendo "nuestro salvador". Y es cuando irradiamos esto hacia el exterior como un mundo en guerra consigo mismo.
No podemos aproximarnos a lo vibracional como una reacción de nuestra experiencia de vida y esperar lograr nada que sea real o duradero. La conciencia vibracional no es una ruta de escape; es un florecimiento orgánico de nuestra jornada humana, una jornada que honra el Sendero a la Conciencia.
Si un progenitor le da a su hijo o hija una cantidad de dinero, y la criatura lo hace a un lado y pide algo más, no es creíble que el padre le vuelva a dar más dinero a su vástago. Continuará cuidando de su pequeño, si el comportamiento reactivo de éste permite siquiera eso, pero ningún monto de dinero le será dado porque la dádiva todavía no puede ser apreciada. Sin embargo, si el padre o la madre le dan dinero a su pequeño y éste lo incrementa, cualquiera de ellos con gusto le dará más si sabe que el valor del regalo ha sido apreciado. De hecho, este padre o madre un día dará a ese pequeño todo lo que posee, sabiendo muy bien que será incrementado a través del aprecio.
El "aprecio" es una palabra de doble filo. Significa "estar agradecido por", pero también contiene otra frecuencia. Cuando tenemos capitales en las bolsas de valores o acciones y éstas muestran aprecio, esto significa que aumentan su valor; crecen, se multiplican. Cuando apreciamos cualquier cosa estamos "aumentando su valor a través de nuestra gratitud por ella". Nuestra experiencia de vida es una dádiva que nos es dada por nuestro padre o madre vibracional. ¿La apreciamos? Cuando la hacemos a un lado y elegimos buscar otra experiencia para salvarnos de este regalo, estamos reaccionando contra nuestro progenitor vibracional. Estamos mostrando una falta de madurez. Estamos siendo infantiles. El regalo de vida debe ser conscientemente desenvuelto, para ser apreciado, y esto solamente se logra cuando nos comprometemos totalmente a sentirlo en todas sus complejidades, dentro de nuestros propios y bellos corazones.
No nos ayuda para nada huir de la experiencia de vida en la que estamos ahora hacia un "camino" espiritual o hacia una religión que nos promete librarnos de nuestro sufrimiento. No nos ayuda seguir a nadie que prometa tales cosas; se trata de una trampa y una ilusión. Solamente nos hará entrar en algo que no es auténtico, debilitará nuestra integridad y nos privará de experimentar la intimidad con nuestra esencia vibracional. Dicho comportamiento reactivo y poco auténtico nos hace hacer cosas tontas como ponernos "ropa espiritual" o adoptar extraños rituales y darnos sofisticados nombres Indios, cuando lo más cercano que estamos de ser una persona nativa de la India es el curry que comemos. Tal comportamiento reactivo, sin importar cuán sutil o espectacular, sin importar cómo lo disfrazamos con nuestros gestos de santidad, es siempre un intento para escapar de la incomodidad de nuestros corazones.
¿En verdad creemos honestamente que algún gurú nos puede salvar cuando solamente nosotros podemos sentir la condición de nuestro propio corazón? Otros pueden hacer cosas físicas a favor nuestro, como enviarnos una carta por correo. Otros también pueden hacer cosas mentales en nuestro beneficio, como ponerse de pie y hablar por nosotros en una corte legal; sin embargo, nadie puede sentir por nosotros. "Sentir" es nuestra responsabilidad del Alma. En virtud de que nadie puede sentir por nosotros, nadie puede sanar por nosotros. Solamente nuestra voluntad para responder a esa incómoda condición dentro de nuestros corazones restaura el equilibrio hacia el punto causal de nuestra experiencia y, por ello, permite que esta experiencia de equilibrio interno sea irradiada hacia nuestros pensamientos y circunstancias físicas. Sólo al lograr primero este equilibrio interno podemos entrar en una relación con nuestro cuerpo emocional que sea "auténticamente dichosa".
La dicha significa que nos estamos permitiendo sentir todo. En este estado de rendición desarrollamos el profundo vocabulario llamado percepción-sentida que nos permite interactuar conscientemente con el reino vibracional. Esto lo podemos lograr solamente permaneciendo en el centro de la experiencia de vida en la que estamos ahora. Saber esto es la entrada metafórica a la crucifixión. Cuando nos damos verdadera cuenta de que nada más que rendirnos a lo que estamos sintiendo en cada momento nos asiste para este paso siguiente de nuestro despertar, es como tener nuestras manos clavadas. Cuando nos damos cuenta de que no existe ningún lugar al que ir para restaurar el equilibrio en nuestros corazones, que nos hemos rendido a los sentimientos inherentes en este momento, esto es como tener nuestros pies clavados. Entonces, nuestra única elección es reaccionar o responder. Si elegimos reaccionar sumamos cosas a nuestro sufrimiento y esto alarga la experiencia por la que invariablemente debemos pasar. Cuando respondemos, nuestro despertar a la conciencia del momento presente se desenvuelve orgánicamente a un paso que sea el más indicado para la belleza de nuestro florecimiento.
No hay absolutamente ninguna necesidad de agregar sufrimiento a nuestra experiencia como la única forma de conocer lo que Dios es para nosotros. La cantidad y la cualidad del sufrimiento que existe dentro de nuestro corazón equivale, en una proporción directa, a la cantidad de sentimiento que necesitamos tener para volver a despertar totalmente al vocabulario de la percepción-sentida. Cuando respondemos a este sufrimiento interno y vemos los frutos de dicha rendición no nos queda más que quedar boquiabiertos, permanecer en azoro ante la profunda experiencia llamada vida, en cuyo centro ya nos encontramos. A través de la sanación de nuestro propio sufrimiento, automáticamente apreciamos este momento, y toda la infinita complejidad de sentimientos se entrelaza y forma espirales que pasan a través. Esta apreciación hace que la experiencia sea más y más profunda, eternamente. Mediante el despertar de la conciencia del cuerpo emocional, a través de la percepción-sentida, nuestros corazones nos elevan hacia el abrazo íntimo de todo lo que hemos buscado. Todo lo que habíamos pensado que se había perdido, es encontrado, aquí mismo, ahora mismo. Entonces, nos aproximamos a una conciencia de nuestra esencia vibracional como una respuesta a lo que se nos ha dado, no como una reacción a ello; entonces se nos da más. Entonces, todo nos es dado.
Michael Brown ©
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