¿Qué es la Conciencia del Momento Presente?

Versión al español: Martha Sánchez Llambí  

 

 

La conciencia del momento presente es una forma de ser, en oposición a ‘algo que hacemos’; por lo tanto, es más fácil decir lo que no es que lo que es.  Un indicador confiable de que hemos entrado en la conciencia del momento presente es que nuestra experiencia de vida, sin importar cómo puede aparecer exteriormente en un momento dado, está infundida internamente con la resonancia de una profunda gratitud.  Esta gratitud no está basada en la comparación, no es una gratitud que solamente florece porque nuestra vida se está desenvolviendo exactamente como queremos o porque todo en nuestra experiencia es fácil.  Se trata de estar agradecidos por la invitación, el viaje y el regalo de la vida misma.  Es una gratitud que no requiere de razón alguna.  La gratitud es la sola marca en la que podemos depender como el indicador de cuan presentes estamos en nuestra experiencia de vida.  Si no estamos agradecidos por el hecho de estar vivos es porque nos hemos alejado del momento presente y nos encontramos en un lugar mental ilusorio llamado “tiempo”.

Muy pocos de nosotros tenemos la capacidad de estar presentes en nuestras experiencias de vida porque todos hemos nacido en una cultura que existe en el mundo del tiempo.  Esta es la maldición de lo que llamamos “civilización”.  Hemos estado sedientos de progreso pero, en la mayoría de los casos, el progreso nos ha llevado a la estructuración de la vida de tal manera que no tenemos que estar presentes cuando ésta sucede.  Mientras más automatizada es nuestra experiencia de vida, menos involucrados estamos en el arte de vivir.

En el mundo del tiempo, resulta retador ser agradecido porque nada parece desenvolverse de la manera en la que pensamos debiera ser. El pasado contiene lamentos y el futuro sostiene la promesa de un mejoramiento, mientras que el momento presente aparece ante nosotros como un evento que requiere de ajustes.  Por lo tanto, pasamos todos nuestros momentos reflexionando en lo que no funcionó para nosotros en el pasado, y mentalmente planeando los ajustes que debemos hacer para eventualmente alcanzar el estado de paz y realización que buscamos.  En virtud de que estos ajustes están continuamente dirigiendo nuestra atención hacia algún “extraordinario mañana”, hemos olvidado cómo permitirnos la oportunidad de arribar a cualquier coyuntura significativa el día de hoy.  Subsecuentemente, el mundo en el que vivimos ahora y todo lo que hay en él es un medio para un fin. Vivir así nos parece normal. Parece normal porque no tenemos acceso a otra experiencia mundana que sea cualitativamente diferente de la que estamos teniendo ahora.  No tenemos otra experiencia que podamos comparar con nuestra experiencia actual.

Al vivir de esta manera, consistentemente damos saltos de rana sobre el momento presente. Aunque el pasado se ha ido y no puede ser alterado, y el futuro todavía no se forma, de todas maneras escogemos ocupar mentalmente esos lugares ilusorios en vez de entrar de lleno a experimentar ese momento único en el que estamos continuamente.  Al habitar de manera constante en un estado mental que nos permite reflejar y proyectar nuestra atención hacia esos lugares ilusorios, nos estamos perdiendo esas muy reales experiencias físicas y emocionales que nos están sucediendo ahora mismo.  Nos olvidamos completamente de ese momento único que contiene la vibración y la plenitud de lo que es la vida. Pensamos que estamos viviendo pero no es así; estamos existiendo.  Pensamos que nos estamos moviendo, pero estamos girando en círculos.  Somos completamente mentales acerca de todo y, consecuentemente, hemos sacrificado las experiencias de estar físicamente presentes y emocionalmente equilibrados.  Por consiguiente, nuestro estado mental, tan avanzado como creamos que es, se ha convertido en un acertijo lleno de confusión.

Estamos tan acostumbrados a este estado de “no ser”, que nos parece perfectamente natural.  Aspiramos a ello. Sin embargo, no es natural porque no conoce ni el equilibrio ni la armonía.  Sabemos esto porque en alguna parte, en medio de nuestro estado mental en el que damos ‘saltos de rana’, todos sentimos que algo nos está faltando.  La falta de paz que sentimos dentro se refleja como el caos continuo que experimentamos en nuestras experiencias externas de vida. La ausencia de paz interna también se refleja en la manera en la que nos intimidamos respecto de cualquier experiencia que signifique quietud o silencio.  El tema de esta Era es: “Que haya ruido; que haya movimiento.”

No sabemos de lo que nos estamos perdiendo porque no podemos recordar qué es lo que hemos perdido.  No podemos encontrarlo porque buscamos en las imágenes del pasado y en nuestro escaneo del futuro.  Nuestro comportamiento insaciable de necesitar y desear es el testimonio de la vacuidad que nuestra aproximación actual a la vida no puede llenar.  Estamos removiendo cada piedra, cada pedazo en este planeta en nuestra desesperada búsqueda por encontrar la paz.  Sin embargo, nada de lo que hacemos aporta paz a nuestro ser porque desde hace mucho hemos olvidado que la paz no es ‘algo que hacer’.  No la podemos instalar mecánicamente ni por la fuerza.  Nuestro estado de inquietud interna se manifiesta como síntomas externos físicos, mentales y emocionales de malestar y enfermedad.  No importa lo que tomemos para curarlo, no importa hacia donde corramos en nuestro intento por escapar de ello, no importa de qué manera nos distraemos con nuestras constantes actividades, el verdadero alivio aparece consistentemente en aquellos momentos que están fuera de nuestro alcance. Así como un humano despojado de sueño inevitablemente entra en un derrumbe físico, mental y emocional, nuestro olvido del oasis de la conciencia del momento presente también nos está llevando rápidamente hacia una experiencia de desintegración social planetaria.

Esta condición mental de “vivir en el tiempo”, de continuamente escapar del ayer y frenéticamente perseguir el mañana sin descanso ni paz, es el predicamento que El Proceso de Presencia consigna y mitiga.  Al asistirnos a comprender cómo llegamos, individualmente, hasta este predicamento, simultáneamente nos brinda el procedimiento metódico y las herramientas de percepción que nos dan poder para empezar a encontrar nuestro camino fuera de esta ilusión.  Nos arroja una cuerda de conciencia y nos da la energía necesaria para que podamos salir de ese pozo de nuestras distracciones respecto del pasado y el futuro, para que podamos regresar al único terreno que es sólido, seguro y lleno de paz: el momento presente.

 

“It’s not about feeling better – it’s about getting better at feeling.”

 

 

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